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martes, 7 de agosto de 2012

Viaje a Qatar


(texto de hace un mes)

A día de hoy es hablar de Qatar y rápidamente relacionarlo con el Barça y el patrocinio que este estado, bajo el subterfugio de una fundación, hace al equipo de fútbol del club. Tras todas las polémicas generadas al respecto de que un estado totalitario y no democrático patrocine al equipo, cosa que personalmente no me gusta, el presidente del FCB, Sandro Rosell, declaraba algo así como que realmente hay que conocer el país, hay que viajar allí y palpar su realidad antes de hablar. Y en eso le tengo que dar toda la razón.

Pues bien, he pasado seis días en Qatar, cosas de trabajo, y cuanto menos, es un país curioso. Comenzaré hablando del tópico del calor. Que sí, que es algo de una evidencia que abruma, pero queridos, hay que vivirlo… Qatar en Julio, con esas temperaturas que se mueven entre los 33ºC de mínima y los 46ºC, con una humedad que puede llegar al 60%, no en vano es un país costero, aunque desértico. Sin duda esta situación climática condiciona la vida, aún en una época moderna como la nuestra. Afortunadamente, me atrevería a decir, anochece francamente temprano, a las siete de la tarde ya es negra noche, y aunque el calor puede estar en unos 35ºC, por lo menos el sol no quema.

Así, obviamente, no se hace vida en la calle, por lo menos no diurna. Todo el mundo intenta no estar a la intemperie, y todos los edificios tienen aire acondicionado. De hecho, unos aires acondicionados brutales, de locura, yo he vivido estancias a 21ºC, 20ºC o incluso 19ºC, cuando en la calle hace más del doble. Ahora imaginad, estáis en una estancia, a esas temperaturas, y cruzáis la puerta de la calle, y de repente tenéis el doble de temperatura, y las gafas de sol (accesorio completamente imprescindible) se empañan de golpe como si hubiéramos entrado en una sauna húmeda. En los coches, en los hoteles, en las oficinas, siempre a esa locura de aire acondicionado. Estoy en un hotel con termostato centralizado, sólo puedo regular si quiero más potencia de aire o menos, pero no la temperatura, y os prometo que a día 4 de Julio, duermo tapado.

Otro de los tópicos al hablar de Qatar es el dinero. Y no por tópico se tiene que obviar, pues es una clara muestra de la realidad del país. En Qatar, gracias a sus recursos energéticos, hay muchísimo dinero. Mucho. Pero mucho, eh? Quiero decir, Dubai, por ejemplo, es muy conocido, se ha vendido muy bien, pero en realidad, no hay ni la mitad del potencial económico de un Qatar que era un completo desconocido hace dos o tres lustros. En Qatar no hay  apenas turismo, y la gente que viene aquí está de paso, al ser un hub de Qatar Airways, o está, en su inmensa mayoría, trabajando.

El look favorito de la mujer qatarí (y un homenaje a mi infancia con la Master System II de SEGA)

Pero lo más interesante para mi gusto es la condición de país con una curiosa concepción de la multiculturalidad. El estado de Qatar tiene 1,4 millones de habitantes. De todos ellos, sólo unos 300000 son ciudadanos qataríes. El resto son inmigrantes y expatriados. Con lo cuál, tenemos un estado en el que todo el mundo necesita comunicarse en inglés, el esperanto moderno, porque pese a haber una masa árabe-parlante, en forma de qataríes y también del grueso de expatriados de Egipto, Jordania, Siria o Palestina, también hay una alta población originaria de India, Sri Lanka, Filipinas, Malasia, Indonesia, y por supuesto, un grupo de expatriados de países occidentales, que, si bien su peso en el conjunto de la población no es muy significativo en número, sí lo es en cuanto a su posición social. Porque queridos, esto es Qatar, y la sociedad está plenamente estratificada. Volviendo al tema idiomático, el inglés se convierte en una lengua vehicular, de manera que todo, por ejemplo, está escrito en inglés y también en árabe. Resulta, sin embargo, una versión muy particular del inglés, chapurreado, maltratado, lleno de influencias de múltiples idiomas, muy lejano del purismo de la BBC o del argot de la MTV. Si el inglés sobrevive de aquí a unas décadas, probablemente sonará a algo parecido a esto.

En cualquiera de los casos, Qatar dista mucho de ser un crisol de culturas donde las gentes de distintas procedencias viven hermanadas. Qatar tiene ciudadanos de primera, de segunda y chusma. Los ciudadanos de primera son, obviamente, los qataríes. Para ser qatarí, hay que serlo de nacimiento e hijo de varias generaciones de qataríes. Son los que mueven las instituciones y, en general, el dinero. A la zaga del respeto social estarían los occidentales, europeos o americanos. En realidad no son especialmente apreciados en el país, pero al aportar sobretodo especialización técnica, lo que genera más dinero, resultan un mal necesario, y por lo tanto, cuentan con una visión entre indulgente y respetuosa por parte del ciudadano de Qatar. En un escalafón relativamente medio se encontrarían los oriundos de países árabes, jordanos, sirios, y demás. Claramente, son inferiores, pero por lo menos son musulmanes, y eso, quieras que no, da puntos. Y al final, nos encontramos con el resto, principalmente, inmigrantes asiáticos, indios y filipinos en su amplia mayoría. Los indios se especializan en puestos técnicos,  ingenieros,  informáticos, por ejemplo. Los filipinos se centran principalmente en servicios y hostelería.

Las condiciones para trabajar en Qatar son duras. Se requiere de lo que llaman un “sponsor”, esto es, un ciudadano qatarí o empresa regentada por un qatarí que avale la presencia y el trabajo de ese filipino, indio o lo que sea. Hecho esto, el inmigrante necesita el permiso de su sponsor para dejar el país, ya sea en vacaciones, o si decide volver a su tierra de origen, o emigrar a otro lugar. Incluso necesita el permiso de su “sponsor” si quiere cambiar de trabajo. En ese caso, la segunda empresa pasaría a ser el “sponsor” si es que se pone de acuerdo con la primera. Todo ello, como el lector avispado habrá podido averiguar, puede generar tensas situaciones de abuso. En este caso, se juega a la lotería. Un “sponsor” que sea algo cabrón puede amargar la vida a un trabajador extranjero que, de alguna manera, se encuentra en un régimen de semi-esclavitud. He escuchado algunas historias duras al respecto, estos días.

Sin embargo, así mismo, Qatar es una tierra de oportunidades, hay una gran cola en India o Filipinas, por poner dos ejemplos, de personas que optan a trabajar allí. Los salarios son francamente superiores que en esos dos países y las cargas impositivas son definitivamente muy bajas. Hablando en plata, el trabajador puede estar unos años y ahorrar.

Así pues, ¿en qué quedamos? ¿Tierra de oportunidades o sociedad clasista que abusa del obrero emigrante? Probablemente ambas versiones sean válidas, y a menudo depende de la suerte que se tenga al encontrar “sponsor”.

Lo que sí está claro, y en eso el amigo Sandro Rosell no decía toda la verdad, es que Qatar no es una sociedad libre y democrática. El pueblo no elige a sus gobernantes, por poner un ejemplo. Claro que, con los tiempos que corren, en esta Europa tan resabiada nos queda la duda de si esta libertad es real o sólo en el papel, y aquí la fuerza no la tiene el Emir pero sí los poderes económicos establecidos. Y en cuanto a la elección del gobernante, hay un país llamado Italia que un buen día despertó con un nuevo presidente elegido a dedo. Lo que sí es la sociedad Qatarí, es racista y clasista. Otra cosa es si esta concepción de la sociedad resulta una idea establecida en las personas o un régimen social legalizado.

Por lo demás, el emirato lo gobierna una familia desde su independencia como protectorado británico, hace tan sólo 40 años, los Al-Thani. En 1995, Hammad Bin Khalifa Al-Thani le quitó el puesto de Emir a su padre, en un ejercicio propio de un Falcon Crest del Golfo Pérsico. Lo más cachondo es que el chaval se hizo con el poder mientras su viejales estaba de vacaciones en Suiza. Todo un show familiar. Y desde entonces, venga a amasar dinero. Por si alguien se lo piensa, un sueldo medio para un europeo, profesional especializado, que trabaje en este lugar es de unos 30000 riales qataríes al mes, limpios, lo que en euros suma la bonita cantidad de unos 6500 lereles… por si alguien se lo piensa…

Canciones:

Oasis: "Go Let It Out"
The Beach Boys: "You're So Good To Me"
The Smiths: "What Difference Does It Make"


miércoles, 4 de julio de 2012

Hoteles (otra vez)


La vida en los hoteles resulta ser una suerte de dimensión paralela. Todo es lujo. Todo es limpieza. Tienes habitaciones más grandes que tu propio comedor y te irritas por nimiedades como si la wi-fi no funciona correctamente. Llegas por la tarde y el desorden de la noche anterior de cama completamente deshecha, lavabo semi inundado, ropa literalmente tirada por medio, libros, revistas, trastos, todo como si hubiera estallado una bomba en mi maleta, y todo ello, aparece en un perfecto estado de revista, listo para comenzar el proceso de desorden y dejadez. Porque sabes que alguien habrá, al día siguiente, que ordene tu mierda y recoja los calzoncillos sucios que has tirado en la esquina. Subes al gimnasio, ese espacio que suele estar casi siempre casi vacío, y tratas de quemar tu mala conciencia de comidas poco saludables.

Y luego están esos días, esos días en los que en realidad te sientes solo y cabreado con la humanidad, y simplemente te la trae al pairo las bellezas que ese lugar del mundo donde estás te puede ofrecer, y no sales del hotel. Bajas al restaurante. En el hotel estás aislado del mundo real. La luz es fría, la moqueta asquerosa, los tonos pastel en las paredes. Incluso el clima es artificial. El puto aire acondicionado de los hoteles, permanente, helador. El microclima. Ese hilo musical del hall, digno de servir como banda sonora para cualquier matanza indiscriminada. Versiones de Brian Adams con piano sintetizado. Brian Adams debió sentirse muy enfadado con la humanidad y creó su venganza a base de esas canciones que te asaltan donde menos te lo esperas, constantemente, tantos años después. Él, que había rockeado dignamente en “Reckless”, algo le tendría que pasar para que decidiera infringir tanto dolor a la población mundial.

Todo son reverencias y parabienes por parte de los empleados, que seguramente deben escupir en mi cepillo de dientes o en mi café. Todo es “sir” por aquí, y “mister” por allá, y “excuse me” y “have a good evening”. Sonrisas forzadas, tonos de voz pausados, acentos extraños. Y tratas de ser amable y de no comportarte como un pequeño burgués, como un nuevo rico, como un cachorro arrogante de la nobleza. Y en realidad, te sorprendes de que el dinero haga que las personas te profesen ese trato, cuando en casa, la cajera del súper apenas te masculla un saludo y cualquier mamarracho te tutea. Porque en realidad, recuerdas que todo esto es mentira.

Canciones:

The Stooges: "I need somebody"
Pearl Jam: "Why go?"
Amy Winehouse: "Fuck me pumps"

miércoles, 16 de mayo de 2012

2934


Esa es la respetable cifra de tweets que llevo. Porque, por si alguien no se ha fijado, entre toda la morralla en la columna derecha de mi plantilla de blogger, tengo Twitter. @carloskarmolina , nombre tontito y cutre que utilicé, presa de la impetuosidad del momento, y que ahora no voy a cambiar. Si es que con esto de los nombres, hay que tener cuidado. Uno se deja llevar por la emoción, embriagado de una rápida respuesta, en un lo quiero y lo quiero ahora, y acaba teniendo estas situaciones. No, no me lo cambiaré, aunque reconozco que hubiera estado mejor algo como @maxpower o @xraymadman.

Me hice una cuenta de Twitter hace como un año y medio, movido por la lectura de artículos en los que se decía que era el summum de la modernidad, amén de una ventana al mundo, a la cultura, la contracultura, y al contacto más directo con artistas, músicos y demás faranduleo. La realidad es que no me aficioné realmente a esto del Twitter hasta hace cosa de 9 meses. Por lo que se puede decir que de esos 2934 tweets mencionados, unos 2900 son de este período.

Al final, como todo, el tiempo, qué jodío, pone las cosas en su sitio. Incluido el dichoso Twitter. Ahora se pierde el culo, así, en general, hablando mal y pronto, por lo que se comenta en Twitter, los medios de comunicación tratan de sacar tajada, y parece que lo que no es trending topic (TT), simplemente, no es. No existe. Y queridos, se lo digo aquí y ahora. Todos los trending topicson asuntos populares, pero no todos los asuntos populares son trending topic. Y francamente, es mejor así. Una ojeada a los TT de cualquier momento son como para deprimir a cualquiera que no tenga a “Mujeres, Hombres y Viceversa” como referente cultural de cabecera. La política más populista, fútbol y temas relacionados con la tele están siempre presentes. Luego hay un sector de fans en el sentido más “SuperPop” del término (los que pasan la treintena me entenderán) que necesitan que su idolito del momento esté presente en ese concurso de popularidad constante. Así, Justin Biever, Lady GaGa o 1D siempre tienen su espacio. Y finalmente, otros asuntos más naïve, si me lo permitís... cada mañana hay un TT de Feliz Lunes, o Feliz Martes, o TGIF (Thanks God It's Friday)... a mí, personalmente, me pone particularmente violento mirar el móvil un lunes a primera hora de la mañana y encontrarme eso de “Feliz Lunes”... ¿Feliz Lunes? Feliz estaría si pudiera reventarte los dientes con un bate de beisbol, jodido baboso.

El asunto de seguir a músicos, gente del cine o escritores, suele llevar a decepción. No olviden esto, queridos, lo mejor del Twitter son los anónimos, no los famosos. En general, las opiniones de ese músico que tanto te apasiona, por lo menos las que vierte en los 140 caracteres, suelen ser entre aburridas y causantes de vergüenza ajena. Lo cuál humaniza, claro. Sí, habrá actuado en ese peliculón, y habrá hecho un papel de esos que te llegan al alma, pero diablos, qué soso es y qué opiniones de mierda refleja. Y al final, el business es el business, y una gran mayoría utilizan el Twitter básicamente como una herramienta de promoción. Hoy actuaré en Denver, qué bonita ciudad. Hoy me entrevistan en el programa del Canal 52, no os lo perdáis. Y así.

De modo que si algo he descubierto, es que lo mejor de Twitter son los anónimos. Realmente, hay mucha inventiva, sentido del humor, ironía y, en general, calidad, por ahí fuera. Y es curioso, porque hay algunos tuiteros que resultan ser una suerte de estrellitas de este pequeño firmamento, anónimos con miles de seguidores. Probablemente, merecidos. Y bien por ellos, el Twitter es, finalmente, eso, seguir lo que dice una persona. No la sigues por sus obras (entonces entraría en el capítulo mencionado anteriormente de músicos, actores, etc...) sino por lo interesante o divertido que son sus tweets. Si Twitter tiene una esencia, es ésa.

Por supuesto, también se puede usar como una red social de comunicación y de contactos, un poco lo que habían supuesto messengers,foros, chats y hasta Facebook. Yo mismo también lo uso en ese sentido, y me ha proporcionado grandes momentos. Algunos de ellos verdaderamente divertidos, interactuando con gente que conocía, pero también (y ahí está la gracia), con gente que no conocía. Personalmente puedo decir que hay muchos momentos de tedio que me los apaña el mirar la pantallita del móvil, y al final, acaba creando una suerte de adicción.

Acabaré diciendo que aunque con alguno de mis lectores de este blog ya interactúo vía Twitter, me gustará hacerlo con quien lea estas líneas y le apetezca. Ya sabéis, @carloskarmolina

Canciones:

Radiohead: “Vegetable”
Alabama Shakes: “Hold On”
R.E.M.: “Country Feedback”

sábado, 12 de mayo de 2012

A Fuerza De Cariño


recordáis esa serie? Título ridículo, blandengue y ñoño donde los haya (el original era “Life goes on”) para un serial que emitió Tele5 en 1991 o algo así. Lo cierto es que nunca llegué a ver ningún capítulo de la misma. Francamente, no le apreciaba mucho interés a una serie que trataba acerca de una familia con uno de los hijos que tenía síndrome de Down. No puedo juzgar, pues, la calidad de la misma, si bien ese título hacía que apestara a sensiblería barata. Este tema de las enfermedades y las disminuciones tanto físicas como psíquicas suelen ser tratadas de un modo bastante cursi y piadoso. Una de las pocas excepciones la encontramos en ese fascinante Tyrion Lannister de “Juego De Tronos”.

Pues volviendo a “A Fuerza De Cariño”, quisiera compartir una duda con vosotros, mis fieles lectores. El personaje protagonista, el muchacho con síndrome de Down, se llamaba Corky. Como quiera que la serie en cuestión se hizo más o menos popular entre la chavalería, al menos en mi barrio, los críos comenzamos a utilizar el nombre de “Corky” como un insulto. Ok, no es muy polícamente correcto el uso de términos tales como “subnormal” o “retrasado” a modo de insulto, pero es una realidad que se usan, y de niño, en mi barrio, los usábamos bastante. De ahí a utilizar “Corky” como sinónimo del peyorativo “subnormal”, todo fue uno. Y sí, insisto, no es muy elegante, pero no me negaréis que la chavalada teníamos ese punto de inventiva y de mala leche tan propio de los barrios hispánicos. “¿Eres Corky o qué te pasa?” … frases así se podían escuchar en las plazas y parques de mi barrio.

Y eso que no recuerdo que Tele5 emitiera “A Fuerza De Cariño” por mucho tiempo ni en un horario prime time. No importa, Corky prevaleció entre la jerga infantil, de tal modo que seguro que pasados unos meses, usábamos ese “insulto” sin ni tan siquiera conocer su procedencia. Mi pregunta es, ¿ocurría eso también en otros barrios y en otras ciudades? ¿Se sigue usando la palabra “Corky” o ha desaparecido como “molongui”, “cantidubi” y “myspace”? Toda información será bienvenida. Gracias.

Canciones:

Counting Crows: “Have You Seen Me Lately?”
The Thrills: “Santa Cruz You're Not That Far”
Kiss: “I Want You”

miércoles, 9 de mayo de 2012

London Calling


Esto de los juicios de valor hechos desde el desconocimiento, es lo que tiene… Cuando empecé a escuchar rock n’ roll oí hablar de una banda llamada The Clash. Se hablaba de ellos como uno de los grupos seminales del punk británico. Se suponía que tenía que ser la hostia. Duro y directo como un puñetazo. Como un escupitajo en la cara. Se hablaba, principalmente, del disco “London Calling”, que tenía esa portada con ese destrozo de guitarra. Bueno, para un ignorante en cosas del punk, si algo tenía que significar el concepto “punk”, tenía que ser, forzosamente, aquello. Y cuando escuché por vez primera el disco… bueno, digamos que me sorprendió. Aquello no sonaba tan duro ni tan rápido ni tan directo como yo tenía en mente. Supongo que son cosas de haber escuchado música de los 90’s (pongamos nombres desde Guns n’ Roses hasta el mundo grunchi)… ¿y aquello era punk? Quiero decir, no es que no me gustara, no era eso. Pero no era un puñetazo ni un escupitajo ni una botella rota contra la pared… aquello era una amalgama de rock n’ roll, cositas de pop y algo de ritmos caribeños. De algún modo, me pareció “blando”. Supongo que “London Calling” puede descolocar fácilmente, desde luego, no es "Nevermind The Bollocks”… he oído decir sandeces como que “London Calling” y The Clash eran más punk por la actitud que por su música en sí. Como si eso tuviera la menor importancia.

En cualquiera de los casos, significara lo que significara, “London Calling” resulta ser un disco de los que requieren de atención y escuchas, pero que a su vez, proporcionan momentos y matices que a veces pasan inadvertidos de entrada.


Por alguna razón que no acierto a comprender, me he levantado con “London Calling”, en esta ocasión me refiero a la canción, en la cabeza. Y automáticamente me ha llevado a un momento y a un lugar. Sala Màgic, en Barcelona. Años ha. Hora: las perritantas de la madrugada. Cerca de la hora de cierre. Íbamos 3 individuos, en un estado etílico deplorable. Uno del trío llevaba un estado etílico aún más deplorable que los demás. En un momento, los otros dos me abandonan, uno iba a acompañar al tercero al lavabo, a ver si se espabilaba. La nebulosa puebla mi mente. De modo inesperado, tengo una de esas experiencias místicas, como si me desdoblara, y una parte de mí sale del cuerpo, hacia el exterior, y me veo a mí mismo, desde fuera, subido en el (mini) escenario de Màgic, solo, cantando y bailando “London Calling” como si me fuera la vida en ello, como si tuviera que ser el elegido para sustituir al malogrado Joe Strummer. Nunca una canción me pareció tan cojonuda.

Canciones:

The Clash: “London Calling”
Counting Crows: “Rain King”
Little Caesar: “Every Picture Tells A Story / Happy”


domingo, 6 de mayo de 2012

Joe Cocker... Live


Por alguna extraña razón Joe Cocker me recuerda a mi padre. No es que me recuerde físicamente, lo suyo es más un rollo Phil Collins (lo siento, papa...). Cuando llegué a la pubertad, esa edad en la que los humanos, especialmente los machos, tenemos que bromear y chotearnos del semejante, como una manera de marcar el territorio, mis amigos me lo decían. Qué bonita es la adolescencia. En fin, esa es una realidad, como también lo es que cuando uno es adolescente, sigue viendo la amistad como un lazo irrompible entre personas, hermanos de sangre, de ese modo novelesco. Dura poco, no obstante. Pronto averiguamos que esos lazos, como todos, también se pueden romper. No es mi cometido, sin embargo, el teorizar sobre la adolescencia. Y sí, mi padre tenía un cierto aire al jodido Phil Collins. Y Joe Cocker, qué pinta en todo esto? De niño veía en Joe Cocker un estilo de hombre similar al de mi padre, que ni tiene el pelo claro, ni los ojos claros, ni barba, pero sí esa presencia de Hombre. Ya sabéis, de esos de pelo por todo el cuerpo, afeitado diario, frases tipo “a lo hecho, pecho”, paquete de Marlboro, ropa sencilla, nada de complementos (anillos, cadenas, pañuelos,...), un ejemplar de El Periódico De Catalunya bajo el brazo, nada de ir a bares, trabajo de sol a sol. A día de hoy soy todavía incapaz de entender qué relacionaba en mi mente infantil a dos personajes aparentemente tan distintos como Joe Cocker y mi viejales.
Vinilamen de los que hacen afición ... (sí, al final, me lo agencié)
Sí que recuerdo, eso sí, que a mi padre le gustaba Joe Cocker. No era mi progenitor hombre de muchos discos, él era más de escuchar música en la radio. Cuando sonaba alguna canción del británico, la disfrutaba. Solía decir comentarios como que se trataba de “el cantante blanco con la voz más negra”, que recordada ahora mismo, suena un poco cutre, como a nota de prensa baratilla o a apostilla de locutor de Radio 80 Serie Oro. 

A Joe Cocker se le reconocen 2 etapas claramente diferenciadas. La primera se engloba desde 1969 hasta mediados de los 70's. Entonces era un cantante británico de largas melenas, altote, delgado, patillas de esas de cubrir toda la cara, y, eso sí, una capacidad para hacer versiones de temas ajenos realmente acongojante. Fue una de las caras reconocibles del Festival de Woodstock, se rodeó de músicos tremebundos y grabó algunas canciones memorables.
Anunciado en TV!!! acabáramos... garantía de calidad...
La etapa final de los 70's fue más complicada. Con el cambio de década y su querencia por el alpiste, que menos lejía, llegó a beberse de todo, acabó dejando el bebercio y volvió a las primeras líneas de la industria musical, pero con un estilo mucho más cercano al AOR, al rock de adultos con toquecitos soul, de ese que sonaba bien en los anuncios de la tele. La chavalería había pasado por el punk, por la new age, por la disco music, por el revival rockabilly, por el heavy metal... seamos sinceros, en realidad se trató de un movimiento inteligente. Difícilmente iba a conquistar al público, digamos, “joven”. Cocker tenía 38 años y le llegó una oportunidad de esas que te resuelven una vida, pero te marcan por el resto de la misma: Cantar el tema principal de “Oficial Y Caballero”. Era 1982. A partir de ese momento, el Cocker de la melena, las patillas, la camiseta multicolor jipiosa y los gritos en escena habían dejado paso a un señor maduro, calvete, gordete y con barba. No se le puede culpar, esos primeros ochenta fueron muy duros para los grandes del rock de los 60's y 70's. Y bueno, era otro estilo, y aún así, mantuvo una clase y una dignidad que para sí la hubieran querido muchos otros coetáneos. Luego le cayó la grabación del tema central de “9 Semanas Y Media” y su popularidad creció como la espuma.

Y vaya si aprovechó su tirón. En la segunda mitad de los 80's se hizo francamente popular, y acertó con su mezcla de rock adulto y soul. Tuvo hits de incontestables hechuras, o a ver, si alguien me puede decir qué tienen de malo interpretaciones como las de “Unchain My Heart” o “When The Night Comes”. Sí, pura carne de FM hispánica, cierto. Pero bien grabadas, bien interpretadas... y diablos, grandes canciones.
Joe Cocker no dejaba las manos quietas ni para posar en las fotos...
Recuerdo claramente, siendo un niño, ver algunas actuaciones de Cocker para la televisión de la Celtiberia, con esa pose y esos movimientos de manos tan característicos. Alguien dijo “Angel Casas Show”? Por si fuera poco, en esos últimos 80's y primerísimos 90's se emitía en España la serie “Aquellos Maravillosos Años”, con tema inicial de nuestro hombre, como mi padre se encargó de comunicarme.

En 1994 se conmemoraban los 25 años del Festival de Woodstock, y recordarán que en esa época había una corriente importante de revival del hippismo, que me pilló en pleno descubrimiento del rock de los 60's y 70's. Fue divertido mientras duró. El caso es que emitieron una vez en el Canal 33, creo, la película de Woodstock, y claro, ver a ese Joe Cocker jovencísimo, rockeando duro, me noqueó. No olviden esa imagen casi paternal que yo tenía de Cocker. Para mí era un señor gordete, calvete y con barba. Encontrarme con su aspecto de 1969 me sorprendió.

Fue poco después cuando descubrí que mi tío, el hermano de mi padre, tenía un disco de Joe Cocker en casa, “Live”, un directo que publicó en 1990 y que bajo ese originalísimo título escondía un verdadero discazo. Obviaré preguntarme si lo de mi familia por parte paterna con Joe Cocker respondía a algo en concreto. Y nos centraremos en ese “Live”, en doble vinilo, como mandan los cánones. No era el primer disco en directo del británico, pero sí el primero en el que podía recoger sus años de gloria en los 70's y también su exitosa etapa en los 80's.
2000 pesetazas que costó en El Corte Inglés... diablos, eso en 1990 era una buena pasta... luego se pregunta la Industria por qué se piratearon los discos en cuanto hubo ocasión!
La banda carecía del carisma de los Mad Dogs & Englishmen de los 70's, en esta ocasión había solamente un divo y protagonista. Sin embargo, contaba con una sección de viento potente, unas guitarras afiladas y coristas por las que Axl Rose hubiera matado. Y el repertorio, bien escogido, sin duda... un disco que se abre con un clásico que invita al buen rollo como “Feelin' Allright” y sigue con ese hit AOR de guitarra hardrockera como es “Shelter Me” no puede fallar.

A partir de ahí, hit tras hit. No faltan sus números uno de los 80's, a saber, los temas de las películas, “When The Night Comes” o “Unchain My Heart”. Pero no se olvida de “The Letter”, de esa maravillosa “She Came In Through The Bathroom Window”, “With a Little help...”, en definitiva, de su material pretérito. Mención aparte merecen las interpretaciones de “Guilty” y esa delicada “You Are So Beautiful”, casi desnuda, sólo con el piano. A destacar que se trata de una grabación de un concierto entero, nada de retales de una gira, tomados de aquí y de allá. Al viejo estilo, vamos.

Cerraban el trabajo dos canciones de estudio nuevas, nada del otro jueves, pero que sí daban un poco la sensación de que la fórmula se estaba agotando. Aún publicaría un par de álbumes más que todavía mantenían un poco el nivel, pero su estilo había perdido chispa. Las piezas que componían para él no eran tan interesantes y en lo que a versiones se refiere, la última realmente buena fue esa cover del “Summer In The City” de 1994. A partir de ahí, sus discos perdieron interés. Se había acomodado, no acertaba en la elección de los inéditos ni tampoco arriesgaba en las versiones. Pero que nada de esto les lleve a engaño. Sí, recomiendo fervientemente este“Live” de 1990, es más, les recomiendo que se hagan con él, y de un plumazo, pueden obviar su discografía posterior a 1973. Este “Live” resume su cénit ochentero, y sinceramente, en lo referido a sus discos posteriores, podrán vivir sin ellos, se lo aseguro.

No quisiera cerrar este texto sin decir una frase que hay que pronuncio mientras me llevo el puño derecho al corazón: Joe Cocker... respeto!

Canciones:

Joe Cocker: “Guilty”
Joe Cocker: “Summer In The City”
Joe Cocker: “She Came In Through The Bathroom Window”

sábado, 28 de abril de 2012

El Pasaporte


Bueno, esta es una historia verídica. El domingo pasado tenía un viaje de trabajo. Me iba a los Estados Unidos, a San Diego, para ser exactos, como he ido otras muchas veces. En esta ocasión estrenaba trayecto, hacía Barcelona-Londres-San Diego, en una novedad interesante, pues hasta hace muy poco no existía ningún vuelo directo desde un aeropuerto europeo hasta San Diego, de modo que lo habitual era parar en Los Angeles para luego llegar a San Diego, ya sea en un vuelo interno, o en coche.

Allí estaba yo con mi aplicación ESTA confirmada, lo que resulta ser un pseudo-visado necesario para entrar en USA, y con mi pasaporte. Detengámonos en este último documento, porque será crucial en el relato. Los pasaportes expedidos a menores de 30 años tienen una duración de 5 años, fecha en la que caducan. Todos tenemos en mente un pasaporte, ¿sí? Mis primeros recuerdos del concepto “pasaporte” vienen de la serie de dibujos “La Vuelta Al Mundo De Willy Fog”, donde el león Fogg tenía que presentar sellos de los países visitados para dar veracidad de su hazaña y así, poder cobrar su apuesta, pues, no lo olvidemos, Fogg no era un aventurero altruista, precísamente. En cualquier caso, eso de los pasaportes y los sellos aduaneros, para mí, un hijo de la CEE y luego UE, acostumbrado a viajar por mi entorno europeo con mi triste y aburrido DNI, resultaba algo como mágico, como de película de diplomáticos que resultan ser espías dobles.

Bien, mi pasaporte había sido expedido en septiembre de 2007, por lo que el lector avispado se habrá dado cuenta de que le quedaba poco tiempo para necesitar un proceso de renovación. En fin, aunque a punto de la jubilación, allí estaba. Un poco viejo y deteriorado de tanto ajetreo, pero con todas las páginas en su sitio, débilmente pero aún sujetas a la cubierta, en forma de una libretita molona.

Hawaii, Bombay, Tijuana y Singapuuuuur...

A llegar al mostrador de facturación de El Prat, la primera sorpresa desagradable. La persona de Iberia chequea mi pasaporte y me dice que no me puede dar la tarjeta de embarque del Londres-San Diego por no sé que tontería burocrática, lo cuál significaría tener que hacer otra cola en el aeropuerto de Londres Heathrow. Contrariado, paso por un control de la Guardia Civil, donde chequean mi documentación una vez más antes de acceder a la zona D de la terminal, y tomarme un merecido desayuno en la sala VIP.

Justo antes de embarcar en el avión hacia Londres, y mientras me chequean el pasaporte, les pido que revisen el asunto de mi tarjeta de embarque Londres-San Diego. Sorprendentemente, lo hacen, un par de llamadas y arreglan lo que la imbécil del mostrador de facturación no supo o no quiso arreglar. Mi vuelo estaba comprado en Iberia pero operado por British Airways (BA). Más contento, subo a mi vuelo, tranquilo de poder contar con el tiempo suficiente para hacer el transfer de terminales en Heathrow, ya que los vuelos hacia EEUU salen de la otra punta del aeropuerto de la que se aterriza desde Barcelona.

Y desde luego que me fue estupendamente el hecho de tener mi tarjeta de embarque lista: al aterrizar en Heathrow una señora cola en la zona de transfer me recibe. Al final, resulta no ser para tanto, pero no olvidemos que debo acceder a través de la frontera del Reino Unido, es decir, un funcionario que escanea mi pasaporte una vez más para comprobar que no soy un terrorista ni una mala persona, así, en general. Y como si de un moderno Hércules fuera, una última prueba me separaba de mi destino final, la puerta de embarque A34, y era el control de equipajes. Ya sabéis, nada de líquidos, portátiles fuera, móvil, cinturón, petaca, armas blancas, tubo para esnifar... todo a la dichosa bandejita. Pero nada me iba a alejar de mi objetivo.

Localizada mi puerta, espero. Jamás entendí a aquellos que tienen el ansia de hacer cola para subir a un avión, como si el asiento no estuviera reservado. A no ser que sean de los que embarcan maletas claramente mayores a las permitidas, jodiendo a los demás… a todos aquellos: espero que ardáis en el infierno. Y cuando la cola se finaliza, me persono en el mostrador para la revisión de documentación y tarjeta de embarque. Allí, un funcionario paki de BA, como la mayoría en ese aeropuerto (hay que ver qué variedad étnica) me recibe. Y ojo, que en este punto viene la parte culminante de la historia.

El jodido paki toma mi tarjeta de embarque, mi pasaporte, y no sé cómo se lo hace pero al abrir el pasaporte, se queda con las tapas en una mano y el conjunto de páginas, despegada, en la otra. Unos segundos de confusión y me dice que no me puede dejar subir al avión, que mi pasaporte está roto. Intentando sobreponer mi estado de shock, le digo que me lo ha roto él. Me responde que tal vez, pero que eso era porque el documento estaba “deteriorado” y que así no me puede dejar volar. Le armo el gran pollo, le digo que el pasaporte ha pasado por hasta 6 manos diferentes antes que llegar a sus manazas y que si él es un torpe, no tengo la culpa. Imagináos la escena, un vuelo intercontinental a punto de cerrar, y vuestro juntaletras viajero favorito en pelea (verbal), o al menos lo que su nerviosismo le permite, con un operario manazas. Llega la supervisora de BA, una jodida matrona británica y me dice, con toda la flema y la calma del mundo, que lo deje estar. Que no hay nada que hacer. Que no sólo no voy a subir en ese avión sino que todavía he tenido suerte, si eso me hubiera pasado en el aeropuerto de San Diego, me habrían prohibido la entrada igualmente. Su calma y su dicción BBC me ponen más nervioso todavía. Pero la verdad es que tiene razón, aunque el hijodeputa de su subalterno sea un manoplas, así no puedo irme a USA.

Lo bonico que era...
La muy imbécil mira el registro de vuelo y ve el cielo abierto. En la base de datos de mi ticket lee la palabra mágica: REFUNDABLE … y ya no hay pie a discusión, como mi billete admite cambios o reembolso, me dice, básicamente, con buenas formas y en inglés, que me pueden dar mucho por el culo y que deje de armar escándalo. A todo esto, el avión, mi avión, ya se ha largado. Y queda la gran pregunta: qué hacer? Mi amiga la matrona brit de BA (el jodido paki se escondió como una rata) me comenta que puedo ir a Londres a la embajada y pedir un pasaporte de urgencia. Pero claro, es domingo, así que esa opción queda descartada. ¿Me espero al lunes? ¿Y qué probabilidades hay de que vaya el lunes, me hagan el pasaporte el mismo lunes, pueda volver a Heathrow y tomar un vuelo a San Diego? Y si así lo hiciera, ¿qué hago llegando a San Diego, con suerte, en martes por la tarde? Todo aquello en tal estado de tensión que la perra de BA, no sé si apiadándose o hartita de aguantarme, me dice que me vaya, me siente, me relaje y medite qué es lo que quiero hacer. Y tiene razón. Una vez más.

Asumo que no hay nada que hacer, y voy a Customer Service de BA. Les explico la historia, esperando un reembolso o un cambio de fechas, al fin y al cabo, tengo que volver a California en Julio. El tipo me confirma que eso lo tiene que gestionar la agencia de viajes, no ellos. Y me siento como el personaje del artículo de Larra “Vuelva Usted Mañana”,y en mi cabeza ya no escucho lo que me explica, sólo oigo algo así como “la parte contratante de la primera parte es igual a la parte contratante…”.

Llamo al teléfono de emergencias de la agencia de viajes. Suena muy molón esto de “emergencias”, me siento como John McClane, pero en cutre. Recordemos que es domingo, amigos, y en España se tiene la estúpida costumbre de cerrar todo en el jodido día del señor. Mi llamada al teléfono uno es inútil, según el tipo que me atiende, ellos “no me pueden ayudar”, pero me da un teléfono dos. Ok, llamo a teléfono dos, y una muchacha, muy maja, se hace cargo de mi situación, pero “es que” me dice, ella “no tiene los datos de mi empresa”… estamos apañados. Me cuelga prometiéndome que me llamaría en breve, y yo me siento como cuando esa chica con la que te has tomado unas copas y te gusta te dice, al dejarla en su casa, “ya te llamaré”, pero sabes que no lo va a hacer nunca. No, en su lugar, y tras 25 largos minutos, me llaman de un teléfono tres, en el que básicamente me dicen que no me preocupe, que la pasta del billete no la pierdo, cosa que me imaginaba porque la matrona brit de BA ya me lo dijo, pero que me tengo que apañar yo para volver a Barcelona.

Así que vuelvo al mostrador de Customer Support de BA. En esta ocasión me atiende una muchacha joven que habla inglés con acento eslavo. Oooootra vez a contar mi historia, mostrando mi pasaporte destrozado como prueba fehaciente de que no soy ningún chalado que se ha colado en la terminal. Sorprendentemente, actúa con diligencia, me da una tarjeta de embarque para un Londres-Barcelona que sale en un par de horas, y cuando le comento acerca de mi maleta, se ocupa de hacer una llamada para que coloquen mi maleta, entonces perdida en el limbo, en mi nuevo vuelo. No puedo más que decirle que es la única persona de BA que ha actuado con diligencia conmigo hoy, y me regala una sonrisa.

No es que esté mejor, pero el temor a perder el billete ha desaparecido, lo cuál no es poco, y la resignación me ha invadido. Sólo me queda esperar. Mi vuelo a Barcelona se retrasa un poco y pienso que hasta que no cruce la puerta de salida de El Prat, algo más me puede pasar. Evidentemente, al aterrizar, mi maleta no está. Pero a esas alturas de la noche, diez y media, tras horas de peripecias aeroportuarias, una incidencia como ésa ya no me afecta. Hago el trámite correspondiente (uno más!!) y me informan de que mi maleta está localizada en Heathrow, que me la envían mañana. Y la verdad, ni siquiera me importa.

Moraleja de la historia: niños, llevad siempre el pasaporte en un estado impoluto de revista. De nada.

Canciones:

The Killers: “Spaceman”
Bobby Bland: “Shoes”
Guns n’ Roses: “Use To Love Her”

sábado, 14 de abril de 2012

Perder



En la vida hay que saber perder. Lo que ocurre es que nunca nos han enseñado a ello. Desde que somos niños, nos educan para ganar. Ganar resulta siempre el fin, la motivación principal. Esta cultura del vencedor se nos inculca casi desde la cuna, está en los cuentos infantiles y en la televisión. Incluso nuestros padres nos protegen siempre de la derrota. Cuando los padres juegan con sus hijos siempre se dejan ganar, para evitar a sus retoños la frustración de la derrota. Con todo ello, lo que se ha conseguido es una serie de generaciones que no sabemos perder, y que cuando perdemos, nos sentimos aturdidos, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Sencillamente, no estamos preparados. Nunca nadie nos enseñó.

Canciones:

Frank Sinatra: "It was a very good year"
Blind Melon: "Tones of home"
Mark Lanegan: "Ode To Sad Disco"

sábado, 7 de abril de 2012

Juntaletras


A una determinada edad, me puse a escribir. En realidad, había escrito siempre. Simplemente, llegó ese fatídico momento en el que me di cuenta de que no iba a ser nunca un deportista. Ya no menciono siquiera la coletilla “de élite”. También pude apreciar que no era, ni sería nunca, lo suficientemente guapo como para poder vivir de mi cara ni de mi cuerpo. 

Por supuesto, probé con la música. Me compré una guitarra, y traté de hacerme con el look de lo más rompedor, pero auténtico a la vez, que pude lograr. Ambas cosas son, por supuesto, cruciales, en el mundo del rock. Lamentablemente, mi talento musical era, siendo benevolente, bastante limitado. Y mi espejo no devolvía una imagen digna de ocupar una la  portada de un disco.

Ni siquiera lo intenté con la interpretación. Y eso que encadenar una mentira tras otra, de un modo razonablemente creíble, se convirtió en una constante en mi vida. Tal vez habría podido cuajar. Toda una pérdida para los escenarios.

Así que, finalmente, me refugié en la escritura, disciplina, sin duda, mucho menos, digamos, vistosa que las anteriores. Pero se me daba bien. Supongo que está feo que sea yo quien me lo diga, cosas de la moral católica. Sea como fuere, acabé adoptando la escritura como único medio para salir de la mediocridad de una vida laboral decente, tan gris y aburrida como suena. Y cegado por los románticos y los beatniks, todo ello aderezado con el maravilloso concepto del enfant terrible de la literatura, hice de ser un juntaletras mi boleto hacia Nunca Jamás. Sólo ida, por favor. Estaba, naturalmente, equivocado.

Canciones:

Johnny Cash: "Get Rythm"
Frank Sinatra: "Wandering"
Slash's Snakepit: "Been there lately"