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martes, 7 de agosto de 2012

Viaje a Qatar


(texto de hace un mes)

A día de hoy es hablar de Qatar y rápidamente relacionarlo con el Barça y el patrocinio que este estado, bajo el subterfugio de una fundación, hace al equipo de fútbol del club. Tras todas las polémicas generadas al respecto de que un estado totalitario y no democrático patrocine al equipo, cosa que personalmente no me gusta, el presidente del FCB, Sandro Rosell, declaraba algo así como que realmente hay que conocer el país, hay que viajar allí y palpar su realidad antes de hablar. Y en eso le tengo que dar toda la razón.

Pues bien, he pasado seis días en Qatar, cosas de trabajo, y cuanto menos, es un país curioso. Comenzaré hablando del tópico del calor. Que sí, que es algo de una evidencia que abruma, pero queridos, hay que vivirlo… Qatar en Julio, con esas temperaturas que se mueven entre los 33ºC de mínima y los 46ºC, con una humedad que puede llegar al 60%, no en vano es un país costero, aunque desértico. Sin duda esta situación climática condiciona la vida, aún en una época moderna como la nuestra. Afortunadamente, me atrevería a decir, anochece francamente temprano, a las siete de la tarde ya es negra noche, y aunque el calor puede estar en unos 35ºC, por lo menos el sol no quema.

Así, obviamente, no se hace vida en la calle, por lo menos no diurna. Todo el mundo intenta no estar a la intemperie, y todos los edificios tienen aire acondicionado. De hecho, unos aires acondicionados brutales, de locura, yo he vivido estancias a 21ºC, 20ºC o incluso 19ºC, cuando en la calle hace más del doble. Ahora imaginad, estáis en una estancia, a esas temperaturas, y cruzáis la puerta de la calle, y de repente tenéis el doble de temperatura, y las gafas de sol (accesorio completamente imprescindible) se empañan de golpe como si hubiéramos entrado en una sauna húmeda. En los coches, en los hoteles, en las oficinas, siempre a esa locura de aire acondicionado. Estoy en un hotel con termostato centralizado, sólo puedo regular si quiero más potencia de aire o menos, pero no la temperatura, y os prometo que a día 4 de Julio, duermo tapado.

Otro de los tópicos al hablar de Qatar es el dinero. Y no por tópico se tiene que obviar, pues es una clara muestra de la realidad del país. En Qatar, gracias a sus recursos energéticos, hay muchísimo dinero. Mucho. Pero mucho, eh? Quiero decir, Dubai, por ejemplo, es muy conocido, se ha vendido muy bien, pero en realidad, no hay ni la mitad del potencial económico de un Qatar que era un completo desconocido hace dos o tres lustros. En Qatar no hay  apenas turismo, y la gente que viene aquí está de paso, al ser un hub de Qatar Airways, o está, en su inmensa mayoría, trabajando.

El look favorito de la mujer qatarí (y un homenaje a mi infancia con la Master System II de SEGA)

Pero lo más interesante para mi gusto es la condición de país con una curiosa concepción de la multiculturalidad. El estado de Qatar tiene 1,4 millones de habitantes. De todos ellos, sólo unos 300000 son ciudadanos qataríes. El resto son inmigrantes y expatriados. Con lo cuál, tenemos un estado en el que todo el mundo necesita comunicarse en inglés, el esperanto moderno, porque pese a haber una masa árabe-parlante, en forma de qataríes y también del grueso de expatriados de Egipto, Jordania, Siria o Palestina, también hay una alta población originaria de India, Sri Lanka, Filipinas, Malasia, Indonesia, y por supuesto, un grupo de expatriados de países occidentales, que, si bien su peso en el conjunto de la población no es muy significativo en número, sí lo es en cuanto a su posición social. Porque queridos, esto es Qatar, y la sociedad está plenamente estratificada. Volviendo al tema idiomático, el inglés se convierte en una lengua vehicular, de manera que todo, por ejemplo, está escrito en inglés y también en árabe. Resulta, sin embargo, una versión muy particular del inglés, chapurreado, maltratado, lleno de influencias de múltiples idiomas, muy lejano del purismo de la BBC o del argot de la MTV. Si el inglés sobrevive de aquí a unas décadas, probablemente sonará a algo parecido a esto.

En cualquiera de los casos, Qatar dista mucho de ser un crisol de culturas donde las gentes de distintas procedencias viven hermanadas. Qatar tiene ciudadanos de primera, de segunda y chusma. Los ciudadanos de primera son, obviamente, los qataríes. Para ser qatarí, hay que serlo de nacimiento e hijo de varias generaciones de qataríes. Son los que mueven las instituciones y, en general, el dinero. A la zaga del respeto social estarían los occidentales, europeos o americanos. En realidad no son especialmente apreciados en el país, pero al aportar sobretodo especialización técnica, lo que genera más dinero, resultan un mal necesario, y por lo tanto, cuentan con una visión entre indulgente y respetuosa por parte del ciudadano de Qatar. En un escalafón relativamente medio se encontrarían los oriundos de países árabes, jordanos, sirios, y demás. Claramente, son inferiores, pero por lo menos son musulmanes, y eso, quieras que no, da puntos. Y al final, nos encontramos con el resto, principalmente, inmigrantes asiáticos, indios y filipinos en su amplia mayoría. Los indios se especializan en puestos técnicos,  ingenieros,  informáticos, por ejemplo. Los filipinos se centran principalmente en servicios y hostelería.

Las condiciones para trabajar en Qatar son duras. Se requiere de lo que llaman un “sponsor”, esto es, un ciudadano qatarí o empresa regentada por un qatarí que avale la presencia y el trabajo de ese filipino, indio o lo que sea. Hecho esto, el inmigrante necesita el permiso de su sponsor para dejar el país, ya sea en vacaciones, o si decide volver a su tierra de origen, o emigrar a otro lugar. Incluso necesita el permiso de su “sponsor” si quiere cambiar de trabajo. En ese caso, la segunda empresa pasaría a ser el “sponsor” si es que se pone de acuerdo con la primera. Todo ello, como el lector avispado habrá podido averiguar, puede generar tensas situaciones de abuso. En este caso, se juega a la lotería. Un “sponsor” que sea algo cabrón puede amargar la vida a un trabajador extranjero que, de alguna manera, se encuentra en un régimen de semi-esclavitud. He escuchado algunas historias duras al respecto, estos días.

Sin embargo, así mismo, Qatar es una tierra de oportunidades, hay una gran cola en India o Filipinas, por poner dos ejemplos, de personas que optan a trabajar allí. Los salarios son francamente superiores que en esos dos países y las cargas impositivas son definitivamente muy bajas. Hablando en plata, el trabajador puede estar unos años y ahorrar.

Así pues, ¿en qué quedamos? ¿Tierra de oportunidades o sociedad clasista que abusa del obrero emigrante? Probablemente ambas versiones sean válidas, y a menudo depende de la suerte que se tenga al encontrar “sponsor”.

Lo que sí está claro, y en eso el amigo Sandro Rosell no decía toda la verdad, es que Qatar no es una sociedad libre y democrática. El pueblo no elige a sus gobernantes, por poner un ejemplo. Claro que, con los tiempos que corren, en esta Europa tan resabiada nos queda la duda de si esta libertad es real o sólo en el papel, y aquí la fuerza no la tiene el Emir pero sí los poderes económicos establecidos. Y en cuanto a la elección del gobernante, hay un país llamado Italia que un buen día despertó con un nuevo presidente elegido a dedo. Lo que sí es la sociedad Qatarí, es racista y clasista. Otra cosa es si esta concepción de la sociedad resulta una idea establecida en las personas o un régimen social legalizado.

Por lo demás, el emirato lo gobierna una familia desde su independencia como protectorado británico, hace tan sólo 40 años, los Al-Thani. En 1995, Hammad Bin Khalifa Al-Thani le quitó el puesto de Emir a su padre, en un ejercicio propio de un Falcon Crest del Golfo Pérsico. Lo más cachondo es que el chaval se hizo con el poder mientras su viejales estaba de vacaciones en Suiza. Todo un show familiar. Y desde entonces, venga a amasar dinero. Por si alguien se lo piensa, un sueldo medio para un europeo, profesional especializado, que trabaje en este lugar es de unos 30000 riales qataríes al mes, limpios, lo que en euros suma la bonita cantidad de unos 6500 lereles… por si alguien se lo piensa…

Canciones:

Oasis: "Go Let It Out"
The Beach Boys: "You're So Good To Me"
The Smiths: "What Difference Does It Make"


miércoles, 4 de julio de 2012

Hoteles (otra vez)


La vida en los hoteles resulta ser una suerte de dimensión paralela. Todo es lujo. Todo es limpieza. Tienes habitaciones más grandes que tu propio comedor y te irritas por nimiedades como si la wi-fi no funciona correctamente. Llegas por la tarde y el desorden de la noche anterior de cama completamente deshecha, lavabo semi inundado, ropa literalmente tirada por medio, libros, revistas, trastos, todo como si hubiera estallado una bomba en mi maleta, y todo ello, aparece en un perfecto estado de revista, listo para comenzar el proceso de desorden y dejadez. Porque sabes que alguien habrá, al día siguiente, que ordene tu mierda y recoja los calzoncillos sucios que has tirado en la esquina. Subes al gimnasio, ese espacio que suele estar casi siempre casi vacío, y tratas de quemar tu mala conciencia de comidas poco saludables.

Y luego están esos días, esos días en los que en realidad te sientes solo y cabreado con la humanidad, y simplemente te la trae al pairo las bellezas que ese lugar del mundo donde estás te puede ofrecer, y no sales del hotel. Bajas al restaurante. En el hotel estás aislado del mundo real. La luz es fría, la moqueta asquerosa, los tonos pastel en las paredes. Incluso el clima es artificial. El puto aire acondicionado de los hoteles, permanente, helador. El microclima. Ese hilo musical del hall, digno de servir como banda sonora para cualquier matanza indiscriminada. Versiones de Brian Adams con piano sintetizado. Brian Adams debió sentirse muy enfadado con la humanidad y creó su venganza a base de esas canciones que te asaltan donde menos te lo esperas, constantemente, tantos años después. Él, que había rockeado dignamente en “Reckless”, algo le tendría que pasar para que decidiera infringir tanto dolor a la población mundial.

Todo son reverencias y parabienes por parte de los empleados, que seguramente deben escupir en mi cepillo de dientes o en mi café. Todo es “sir” por aquí, y “mister” por allá, y “excuse me” y “have a good evening”. Sonrisas forzadas, tonos de voz pausados, acentos extraños. Y tratas de ser amable y de no comportarte como un pequeño burgués, como un nuevo rico, como un cachorro arrogante de la nobleza. Y en realidad, te sorprendes de que el dinero haga que las personas te profesen ese trato, cuando en casa, la cajera del súper apenas te masculla un saludo y cualquier mamarracho te tutea. Porque en realidad, recuerdas que todo esto es mentira.

Canciones:

The Stooges: "I need somebody"
Pearl Jam: "Why go?"
Amy Winehouse: "Fuck me pumps"

jueves, 24 de mayo de 2012

Guilty Pleasures 3


Hoy me encuentro en Praga. Llevo toda la semana aquí, cosas de trabajo. Como estos europeos tienen esa costumbre tan cachonda de comer a las 12 una mierdecica, por la tarde tenía hambre. De acuerdo, los europeos suelen ponerse hasta el  ojete durante el desayuno, que ríete tú del clásico vasolechecongalletas hispánico, o el clásico laxante zumo de naranja más café. Pero esta mañana me he dormido cinco minutos más de la cuenta. O me he duchado cinco minutos más de la cuenta. O he tardado en ponerme el traje de luces cinco minutos. Es igual, sea como sea, se me ha hecho tarde, y no he desayunado.

Total, que esta tarde me he librado de todo compromiso social y he salido a dar una vuelta por la ciudad solo. Al pasar por la Plaza de Wenceslao (Václavské Námêstí) no me he aguantado la tentación de pararme en uno de los puestos callejeros de salchichas y comerme un clásico bocata de salchicha checa. Y por si acaso, no fuera a ser que hubiera adelgazado algún gramo, me he metido a cenar en un restaurantito no muy  lejos de mi hotel, una pizza y una jarra de cerveza.

Ahora, claro, me siento un poco mal. Soy un jodido pozo sin fondo. Y mi estómago me lo está recordando. Se está vengando de mis excesos con chorretones de ácido. Qué le voy a hacer, si me gusta la basura. Sí, por supuesto que disfruto de un magret de pato o de un rape a la plancha en su jugo, de los melocotones de calanda y del té verde. Pero también me gusta comerme frankfurts, hamburguesas, pizzas, shawarmas o pollo frito. Por no hablar de las patatas fritas en todas sus variantes, la coca-cola, la cerveza, el Dr. Pepper… aissss…

Será por todo ello que me he acordado de los Guilty Pleasures… hacía ya algunas semanas que no mostraba mis vergüenzas al mundo, así que vamos a ello, directos y a la yugular.

Y comenzaré con una canción que para más inri pertenece a ese maravilloso pop español que promocionan en las cadenas cuarenta de la vida. Cómo llegué a ella? Cosas del amor, amigos, no preguntéis. Y es que hoy iba a mencionar al jitazo de Nena Daconte “Tenía Tanto Que Darte”… si es que me estoy avergonzando conforme lo estoy escribiendo. Todo en esta muchacha es vergonzoso. Participó en un concurso de cantantes de la tele. Se enrolló con uno de los músicos de sesión que participaban en una gira donde cantaban todos estos artistazos, y formaron un dúo al que bautizaron con ese nombre… ESE nombre…

Pero una cosa os diré… la canción funciona! Y no sé si es ese ritmillo, el órgano, las palmas o el reprise final con los vientos, pero me recuerda ligeramente al glam inglés. Alguién dijo Marc Bolan? Tratad de abstraeros de la voz y de la pinta de pánfila que tiene la muchacha. Tratad de olvidar la absurda rima. Ahora? Todavía no?



Y el siguiente corte-Guilty Pleasure es uno de esos hits que se convirtieron en incontestables de principios del siglo. Me refiero al clásico de Outkast “Hey Ya”. Bueno, que me aspen si no suena a una mezcla entre Stax y el chiclepop más sesentero. Una estructura de rock clásico de cuatro acordes y una tonada bailable y pegajosa. En su momento, la pillé por la radio, hace años, yendo en un coche alquilado, por lo que sólo podía disponer de lo que las ondas me proporcionaran. Y desde luego me alucinó. En esa época teníais que ver a éste, vuestro juntaletras favorito dándolo todo en la pista del dancing, en un deplorable estado etílico, mientras sonaban estas negritudes.



Con el paso de los meses y al final de los años, acabé aborreciendo la canción. Me carga particularmente ese intermedio del “shake it – sha – sha – shake – it”, etc… pero sigo considerando que la estructura es de una simplicidad que atrapa. Yo haría una relectura del tema con una producción diferente, y a triunfar. No soy el único que piensa eso, mi admirado Greg Dulli se pasó una temporada haciendo una potentísima versión rockera de este “Hey Ya” cuando giraba con sus Twighlight Singers. Y podemos decir que Greg Dulli sabe algo de música, ¿no creéis?


lunes, 14 de mayo de 2012

Los asesinos, los suicidios, los visitantes inesperados y Australia


Hace mucho que no escucho a The Killers. Durante un tiempo lo hice, he de confesar. No os creáis, no hay ningún tipo de rubor, si bien es cierto que esta clase de confesiones me resta credibilidad ante la parroquia ruockera de NDK. En fin, de un tiempo a esta parte no creo en los carnets de rockerío que en su momento repartía el apóstol César Martín, y estas martingalas de lo que se debe y lo que no se debe escuchar me la traen bastante al pairo.

Todo empezó hace quince días, cuando leí en el diario la noticia del suicidio de un miembro de la banda. Ahí los amigos de El Periódico De Catalunya jugaron con el sensacionalismo, puesto que el suicida era un tal Thomas Marth, saxofonista no considerado como miembro oficial del grupo, aunque sí un músico de apoyo que llevaba un par de álbumes colaborando con el grupo. Pero claro, vende más si en el titular dice “se revienta la cabeza un miembro de The Killers”que no si se titula “se suicida Thomas Marth, saxofonista conocido por sus colaboraciones con The Killers”. En cualquiera de los casos, en ese momento llamaron a la puerta. Me levanté del sofá a abrir. Lo hice sin escrutar la mirilla, craso error. Abrí y sin mayor dilación me dijo “hola, soy tus recuerdos” y se coló en mi casa. De modo que saqué unas patatuelas y un par de birras. Total, ya lo tenía dentro, qué iba a hacer? Era demasiado grande y fuerte como para echarle a patadas, aunque con gusto le hubiera tirado por la puerta como hacía el Tío Phil con Jazz.

The Killers habían sido para mí los tíos que cantaban aquello de“Somebody Told Me”, un tema que no estaba nada mal. No les tenía sino por unos candidatos a los Jitazos Fugaces, hasta cuando publicaron “Day & Age”, en 2008, si bien, al principio, no le hice mucho caso a ese disco. Sin embargo, en los bares y en las radios, comencé a escuchar continuamente una canción que me recordaba horrores a los U2 de primeros de los 90's, a una canción por la que el Bono de hoy en día vendería a su madre. Supongo que atraído por ese single, un buen día, en FNAC, dando lo que era al principio una inocente vuelta de reconocimiento, me entró uno de esos arrebatos en los que el dinero te quema en las manos, y comencé a coger CD's de los estantes. Sin saber bien cómo, había salido con varios euros de menos, y varios discos de más, fruto de una compra compulsiva. Entre ellos había ese “Day & Age”. Y os diré, queridos míos, que el disco no está pero que nada mal. Es más, me parece un disco de pop fuera de clasicismos y muy interesante. Ecos de los U2 de 1991-1992, aureolas glammy, mucho Bowie, tanto de los 70's como de los 80's, un cierto deje ochentero también en forma de Tears For Fears o, incluso, algo de The Cure. ¿Qué os parece?

Y a la tercera birra, después de gorrearme las patatas, mi invitado forzoso me explicó de qué iba todo aquello. Tres momentos de los tres últimos años vendrían a visitarme como los tres fantasmas que fueron a ver a Evenizer Scrooge, todos ellos por obra y gracia de los dichosos The Killers. Uno de ellos me lleva a mi primer viaje a Australia, en mayo de 2009. Estaba alojado en un jodido suburbio de Melbourne, llamado Kew. Un sitio sin nada que hacer donde tenía un pub cercano en el que pude disfrutar una noche de un partido de fútbol australiano mientras me ponía hasta el Ohio de cerveza, de manera que llegué haciendo eses a mi hotel y me quedé dormido con ropa. Qué queréis, era mi última noche allí.

Y cada mañana, al despertar, encendía el televisor, y sintonizaba un canal de videoclips. Ya sabéis, el típico canal de clips tipo radiofórmula. La radiofórmula en Australia es mejor que en la Celtiberia, os lo puedo asegurar. El caso es que cada maldita mañana programaban los mismos videoclips. A la décima mañana viendo eso, uno tiene la sensación de estar en “Atrapado en el Tiempo”y de que Sonny & Cher están a punto de sonar. Me salvaba un clip, el de “Spaceman” de The Killers, un tema que me recuerda un poco al Bowie de “Diamond Dogs”. En cualquiera de los casos, ya esperaba, cada mañana, mi sesión de “Spaceman”, para poder arrancar el día. Ponerme a cantar y bailar esa canción, en calzoncillos, en mi habitación, se convirtió en un ritual.

Y después de esta confesión, me perdonaréis que no dé más detalles de los otros dos fantasmas/momentos que me visitaron. Cuando se acabó la cerveza, mi asaltante se marchó de casa, aunque el muy ladino se despidió con un “hasta la próxima” que me tocó las narices.


Canciones:

The Killers: “Spaceman”
Iggy Pop: “Dum Dum Boys”
R.E.M. : “Driver 8”

jueves, 3 de mayo de 2012

Kar & the CBGB's


Anoche estaba viendo un reportaje sobre ese bellezón que era Debbie Harry. Tengo que decir que lo primero que me llamó la atención fue saber que en su etapa dorada con Blondie ya tenía 30 años, y 33 cuando publicaron aquél “Parallel Lines”. No me entiendan mal las miles de lectoras de este blog: las mujeres están estupendas en su treintena... afortunadamente! Pero no me negaréis que, por lo menos en un mundo como el del showbusiness, dominado por zorrubias que apenas pasan de los 20, de usar y tirar, ese dato resulta desconcertante. El caso es que hablar de Blondie y hablar de CBGB's, todo es uno. Ah, el CBGB's, local punk por excelencia de Nueva York, donde por lo visto, según dicen, el ambiente era tan chungo y nauseabundo como lo grandes que eran las bandas que tocaban allí. Vamos, que por lo visto, los labavos del Mephisto de Barcelona resultan ser el palacio de Buckingham a su lado. No sé por qué me he acordado de los lavabos de un local que hace años que no piso.

Nunca es un mal momento para poner una foto de Debbie Harry...
Sea como fuere, el CBGB's cerró definitivamente en 2006, y con él, un trocito de la historia del rock n' roll, si es que eso importa realmente. Todo esto me lleva a un momento que viví la vez que hice un viaje a Nueva York, hará 4 años. Escribí esto al respecto:

Siguiendo la calle, acabas llegando al Tompkins Sq. Park, y a la esquina, un graffitti muy bonito de homenaje a Joe Strummer (suma y sigue) y bajando hacia Lowe East Side vemos como el ambiente comienza a degradarse un poquito, si bien, por lo visto, durante la noche los bares de la zona son más que recomendables. Seguimos de camino a Bleecker st. donde por lo que me han dicho, hay una tienda de discos interesante. Muy cerquita me encuentro con una suerte de tienda/galería fotográfica llamada Morrison Hotel, con un toldo con la misma tipografía de letra del disco original, que exhibe para su venta bonitas fotos enmarcadas de Sid Vicious o de Led Zeppelin. Y a su lado, una curiosa tienda, lo siento, no recuerdo el nombre. Las paredes llenas de iconografía rockera (fotos, carteles de conciertos), y unas cubetas con vinilos de segunda mano a precios realmente indecentes, aunque el material es potente. Pero lo curioso es la sección de ropa y complementos. Venden ropa vintage, tejanos, botas, cinturones, chaquetas de cuero, camisetas. Y si los vinilos estaban a precios indecentes, lo de la ropa es algo insultante. Eso sí, está puesto todo con muy buen gusto, como si más que vender quisieran exponer el género en una suerte de exposición rockera. Tengo la osadía de pararme en la parte de las camisetas, y veo una muy sencillita, blanca, con una estampación de la portada del "Talk Is Cheap" de Keith Richards... a unos 150$!!! Es decir, cien euracos por una camiseta mierdosa que tiene 20 años y que cualquiera se puede hacer escaneando la portadita de marras e imprimiéndola en cualquier copistería sobre una camiseta guarruna... me doy cuenta de que he entrado en la tienda de los niños bien de la ciudad, donde los pijitos que ahora siguen la moda rockera compran sus trapitos.

... O dos...
Pues bien, queridos míos, esa dichosa tienda para rockeros de casa bien, ERA el dichoso CBGB's... o por lo menos, lo que quedaba de ello. Después de que cerrara sus puertas en 2006 alguien colocó esa tienda en su lugar. Y todo cuadra, las paredes graffiteadas (en algunos puntos habían mantenido la pared original), los posters, el tamaño, el (micro) escenario. Verlo ayer me produjo un pequeño shock. O sea, que había estado allí sin saberlo. Cuando estuve en NYC paseé por algunos lugares míticos de la iconografía rockera de la ciudad, y sin embargo, sabiendo que CBGB's estaba cerrado, ni siquiera consideré el buscarlo. Andaba por el barrio simplemente para ver el Lower East Side y en busca de una tienda de discos que me habían recomendado. Toda una sorpresa la que me llevé.

Canciones:

Paul Weller: “Heavy Soul”
Dogs D'Amour: “Trail Of Tears”
Pixies: “Gigantic”

sábado, 28 de abril de 2012

El Pasaporte


Bueno, esta es una historia verídica. El domingo pasado tenía un viaje de trabajo. Me iba a los Estados Unidos, a San Diego, para ser exactos, como he ido otras muchas veces. En esta ocasión estrenaba trayecto, hacía Barcelona-Londres-San Diego, en una novedad interesante, pues hasta hace muy poco no existía ningún vuelo directo desde un aeropuerto europeo hasta San Diego, de modo que lo habitual era parar en Los Angeles para luego llegar a San Diego, ya sea en un vuelo interno, o en coche.

Allí estaba yo con mi aplicación ESTA confirmada, lo que resulta ser un pseudo-visado necesario para entrar en USA, y con mi pasaporte. Detengámonos en este último documento, porque será crucial en el relato. Los pasaportes expedidos a menores de 30 años tienen una duración de 5 años, fecha en la que caducan. Todos tenemos en mente un pasaporte, ¿sí? Mis primeros recuerdos del concepto “pasaporte” vienen de la serie de dibujos “La Vuelta Al Mundo De Willy Fog”, donde el león Fogg tenía que presentar sellos de los países visitados para dar veracidad de su hazaña y así, poder cobrar su apuesta, pues, no lo olvidemos, Fogg no era un aventurero altruista, precísamente. En cualquier caso, eso de los pasaportes y los sellos aduaneros, para mí, un hijo de la CEE y luego UE, acostumbrado a viajar por mi entorno europeo con mi triste y aburrido DNI, resultaba algo como mágico, como de película de diplomáticos que resultan ser espías dobles.

Bien, mi pasaporte había sido expedido en septiembre de 2007, por lo que el lector avispado se habrá dado cuenta de que le quedaba poco tiempo para necesitar un proceso de renovación. En fin, aunque a punto de la jubilación, allí estaba. Un poco viejo y deteriorado de tanto ajetreo, pero con todas las páginas en su sitio, débilmente pero aún sujetas a la cubierta, en forma de una libretita molona.

Hawaii, Bombay, Tijuana y Singapuuuuur...

A llegar al mostrador de facturación de El Prat, la primera sorpresa desagradable. La persona de Iberia chequea mi pasaporte y me dice que no me puede dar la tarjeta de embarque del Londres-San Diego por no sé que tontería burocrática, lo cuál significaría tener que hacer otra cola en el aeropuerto de Londres Heathrow. Contrariado, paso por un control de la Guardia Civil, donde chequean mi documentación una vez más antes de acceder a la zona D de la terminal, y tomarme un merecido desayuno en la sala VIP.

Justo antes de embarcar en el avión hacia Londres, y mientras me chequean el pasaporte, les pido que revisen el asunto de mi tarjeta de embarque Londres-San Diego. Sorprendentemente, lo hacen, un par de llamadas y arreglan lo que la imbécil del mostrador de facturación no supo o no quiso arreglar. Mi vuelo estaba comprado en Iberia pero operado por British Airways (BA). Más contento, subo a mi vuelo, tranquilo de poder contar con el tiempo suficiente para hacer el transfer de terminales en Heathrow, ya que los vuelos hacia EEUU salen de la otra punta del aeropuerto de la que se aterriza desde Barcelona.

Y desde luego que me fue estupendamente el hecho de tener mi tarjeta de embarque lista: al aterrizar en Heathrow una señora cola en la zona de transfer me recibe. Al final, resulta no ser para tanto, pero no olvidemos que debo acceder a través de la frontera del Reino Unido, es decir, un funcionario que escanea mi pasaporte una vez más para comprobar que no soy un terrorista ni una mala persona, así, en general. Y como si de un moderno Hércules fuera, una última prueba me separaba de mi destino final, la puerta de embarque A34, y era el control de equipajes. Ya sabéis, nada de líquidos, portátiles fuera, móvil, cinturón, petaca, armas blancas, tubo para esnifar... todo a la dichosa bandejita. Pero nada me iba a alejar de mi objetivo.

Localizada mi puerta, espero. Jamás entendí a aquellos que tienen el ansia de hacer cola para subir a un avión, como si el asiento no estuviera reservado. A no ser que sean de los que embarcan maletas claramente mayores a las permitidas, jodiendo a los demás… a todos aquellos: espero que ardáis en el infierno. Y cuando la cola se finaliza, me persono en el mostrador para la revisión de documentación y tarjeta de embarque. Allí, un funcionario paki de BA, como la mayoría en ese aeropuerto (hay que ver qué variedad étnica) me recibe. Y ojo, que en este punto viene la parte culminante de la historia.

El jodido paki toma mi tarjeta de embarque, mi pasaporte, y no sé cómo se lo hace pero al abrir el pasaporte, se queda con las tapas en una mano y el conjunto de páginas, despegada, en la otra. Unos segundos de confusión y me dice que no me puede dejar subir al avión, que mi pasaporte está roto. Intentando sobreponer mi estado de shock, le digo que me lo ha roto él. Me responde que tal vez, pero que eso era porque el documento estaba “deteriorado” y que así no me puede dejar volar. Le armo el gran pollo, le digo que el pasaporte ha pasado por hasta 6 manos diferentes antes que llegar a sus manazas y que si él es un torpe, no tengo la culpa. Imagináos la escena, un vuelo intercontinental a punto de cerrar, y vuestro juntaletras viajero favorito en pelea (verbal), o al menos lo que su nerviosismo le permite, con un operario manazas. Llega la supervisora de BA, una jodida matrona británica y me dice, con toda la flema y la calma del mundo, que lo deje estar. Que no hay nada que hacer. Que no sólo no voy a subir en ese avión sino que todavía he tenido suerte, si eso me hubiera pasado en el aeropuerto de San Diego, me habrían prohibido la entrada igualmente. Su calma y su dicción BBC me ponen más nervioso todavía. Pero la verdad es que tiene razón, aunque el hijodeputa de su subalterno sea un manoplas, así no puedo irme a USA.

Lo bonico que era...
La muy imbécil mira el registro de vuelo y ve el cielo abierto. En la base de datos de mi ticket lee la palabra mágica: REFUNDABLE … y ya no hay pie a discusión, como mi billete admite cambios o reembolso, me dice, básicamente, con buenas formas y en inglés, que me pueden dar mucho por el culo y que deje de armar escándalo. A todo esto, el avión, mi avión, ya se ha largado. Y queda la gran pregunta: qué hacer? Mi amiga la matrona brit de BA (el jodido paki se escondió como una rata) me comenta que puedo ir a Londres a la embajada y pedir un pasaporte de urgencia. Pero claro, es domingo, así que esa opción queda descartada. ¿Me espero al lunes? ¿Y qué probabilidades hay de que vaya el lunes, me hagan el pasaporte el mismo lunes, pueda volver a Heathrow y tomar un vuelo a San Diego? Y si así lo hiciera, ¿qué hago llegando a San Diego, con suerte, en martes por la tarde? Todo aquello en tal estado de tensión que la perra de BA, no sé si apiadándose o hartita de aguantarme, me dice que me vaya, me siente, me relaje y medite qué es lo que quiero hacer. Y tiene razón. Una vez más.

Asumo que no hay nada que hacer, y voy a Customer Service de BA. Les explico la historia, esperando un reembolso o un cambio de fechas, al fin y al cabo, tengo que volver a California en Julio. El tipo me confirma que eso lo tiene que gestionar la agencia de viajes, no ellos. Y me siento como el personaje del artículo de Larra “Vuelva Usted Mañana”,y en mi cabeza ya no escucho lo que me explica, sólo oigo algo así como “la parte contratante de la primera parte es igual a la parte contratante…”.

Llamo al teléfono de emergencias de la agencia de viajes. Suena muy molón esto de “emergencias”, me siento como John McClane, pero en cutre. Recordemos que es domingo, amigos, y en España se tiene la estúpida costumbre de cerrar todo en el jodido día del señor. Mi llamada al teléfono uno es inútil, según el tipo que me atiende, ellos “no me pueden ayudar”, pero me da un teléfono dos. Ok, llamo a teléfono dos, y una muchacha, muy maja, se hace cargo de mi situación, pero “es que” me dice, ella “no tiene los datos de mi empresa”… estamos apañados. Me cuelga prometiéndome que me llamaría en breve, y yo me siento como cuando esa chica con la que te has tomado unas copas y te gusta te dice, al dejarla en su casa, “ya te llamaré”, pero sabes que no lo va a hacer nunca. No, en su lugar, y tras 25 largos minutos, me llaman de un teléfono tres, en el que básicamente me dicen que no me preocupe, que la pasta del billete no la pierdo, cosa que me imaginaba porque la matrona brit de BA ya me lo dijo, pero que me tengo que apañar yo para volver a Barcelona.

Así que vuelvo al mostrador de Customer Support de BA. En esta ocasión me atiende una muchacha joven que habla inglés con acento eslavo. Oooootra vez a contar mi historia, mostrando mi pasaporte destrozado como prueba fehaciente de que no soy ningún chalado que se ha colado en la terminal. Sorprendentemente, actúa con diligencia, me da una tarjeta de embarque para un Londres-Barcelona que sale en un par de horas, y cuando le comento acerca de mi maleta, se ocupa de hacer una llamada para que coloquen mi maleta, entonces perdida en el limbo, en mi nuevo vuelo. No puedo más que decirle que es la única persona de BA que ha actuado con diligencia conmigo hoy, y me regala una sonrisa.

No es que esté mejor, pero el temor a perder el billete ha desaparecido, lo cuál no es poco, y la resignación me ha invadido. Sólo me queda esperar. Mi vuelo a Barcelona se retrasa un poco y pienso que hasta que no cruce la puerta de salida de El Prat, algo más me puede pasar. Evidentemente, al aterrizar, mi maleta no está. Pero a esas alturas de la noche, diez y media, tras horas de peripecias aeroportuarias, una incidencia como ésa ya no me afecta. Hago el trámite correspondiente (uno más!!) y me informan de que mi maleta está localizada en Heathrow, que me la envían mañana. Y la verdad, ni siquiera me importa.

Moraleja de la historia: niños, llevad siempre el pasaporte en un estado impoluto de revista. De nada.

Canciones:

The Killers: “Spaceman”
Bobby Bland: “Shoes”
Guns n’ Roses: “Use To Love Her”

lunes, 26 de marzo de 2012

Improvisaciones en Dublín


Hoy vamos a hacer algo diferente, ¿sí? Soy una persona con más tendencia a ser metódico que impulsivo. Y no, no os penséis que esas perlas de literatura gratuitas que os regalo de tanto en tanto desde este blog surgen de la nada, espontáneamente, sin premeditación y en tres minutos. No es así. Y eso que en una cosa tengo que darle la razón a mi admirado Kiko Amat: en un blog se escribe peor. Siempre. Así que imagináos cuando me pongo a escribir “de verdad”.

Pues a lo que iba, la idea es ponerme a escribir de lo que sea. Lo que surja. Ya que me he decidido darle continuidad al blog, una de las cosas más longevas que tengo últimamente, y tras la decepción de los 0 comentarios de la entrada anterior, no podía abandonarlo por más tiempo. Que sí, que yo escribo para mí mismo… y por eso lo cuelgo en una página pública de Internet… y lo publicito en Twitter (@carloskarmolina) … juas… puedo ser vanidoso pero no hipócrita, queridos míos.

Y ahora os escribo estas líneas desde un hotel en Dublín. O más bien debería decir en las afueras de Dublín. O en la campiña de Dublín. O en un paraje donde hay lago, patos y hierba. En el suelo. Ya he hablado en muchas ocasiones sobre mis viajes. Aunque todavía está por llegar LA entrada dedicada a mis viajes. O la serie de entradas. Llegará, la tengo en mente. Y os remito al primer párrafo. Pero de momento, un pequeño adelanto. Suelo viajar por trabajo con bastante frecuencia, a veces a destinos algo exóticos o poco comunes. Tiene cosas buenas y tiene cosas malas, está claro que nadie me obliga, y que podría tener otro trabajo. No perdamos de vista, no obstante, el calificativo. Viajes de trabajo. Pues eso, un trabajo. Eso va por los idiotas que dicen aquello de “ah, qué guay, siempre estás viajando”.

Hoy he tomado un vuelo de Air Lingus, compañía que cada vez que nombro me hago mentalmente la gracieta con la similitud fonética a cierta práctica sexual, y me río solito. Yo soy así de tonto. Esta compañía opera desde la T2 del Aeropuerto Barcelona El Prat y se puede considerar como un monumento a la desolación. Hoy en día es un lugar semiabandonado, que seguro que el viernes por la noche, cuando vuelva, dará miedo. Y he tenido el placer de compartir avión con lo que parecía un viaje de estudios de un grupo de escolares. Como a uno no le pilló (por poco, pero  no lo hizo) la LOGSE, serían lo que consideraría un curso de 2º o 3º de BUP. Una horda de adolescentes, entre odiosos y adorables a partes iguales. Porque sí, me han dado del viaje, gritando, riéndose cada cuarenta segundos, sin parar de moverse. Y sin embargo, no puedo despreciar a unas personas cuya única finalidad vital es, ahora mismo, pasárselo bien (y tocar carne, si procede) a toda costa, del modo más inconsciente, egoísta, cruel y exhibicionista que sea posible. Me sentía como si me hubiera colado en el autocar que me llevaba de excursión hace dieciséis años.

Y aquí estoy, en la habitación de este hotel en Dublín. Por si alguien no lo sabe, la rutina suele ser trabajo “de campo” en horario “convencional”, y trabajo “de despacho” luego, en el hotel. Por eso, el lector avispado, y me consta que una silenciosa mayoría de los que por aquí se pasan, lo son, entenderá cuando afirmo que ésta es mi cuarta visita a la ciudad y casi no he visto nada. Un par de pubs en el centro, dos o tres restaurantes, y ya. Lo malo de los viajes por Europa es que suelen ser bastante fugaces, sin tiempo para flaquezas morales como el turismo. Pretendo, no obstante, resarcirme esta semana, ya que, para variar, cuento con más días. Pero eso ya os lo explicaré en otra ocasión.

Canciones:

Kiss: “Crazy Nights”
Kings Of Leon: “Notion”
The Hellacopters: “Hey!”